Todo estaba tan distorsionado y oscuro, siempre está oscuro, la única variante era que ahora había ruido. Sabía que tenía que estar muerto o muriendo, sino como explicar ese ángel que acababa de entrar a lo que creo que era mi cuarto. El ángel se quedo mirándome unos instante y luego se acerco a mí. Era tan hermoso y a la vez tan triste, tenia lagrimas en los ojos y decía algo que tras esforzarme creí reconocer como mi nombre. Con un esfuerzo enorme trate de ver mejor al ángel y le sonreí, creo. Tenía rasgos de mujer, de hecho era una mujer, y no cualquiera, era Angélica. De golpe todo se volvió oscuro, y de lo único que estuve consiente fue de que deje de respirar, y que Angie estaba conmigo.
...
-No te mueras- le decía Angélica desesperadamente a un inconsciente Jobad. -Vamos quédate conmigo, solo aguanta un poco más.
Los dos jóvenes suicidas se encontraban en una ambulancia, una frustrada en todos los sentidos y el otro "luchando" por la vida que el mismo decidió destruir. La ambulancia llego justo cuando Angélica y un vecino estaban metiendo a Jobad en la guagua, ya que a Lilyth se le había ocurrido la grandiosa idea de llamar al 911 cuando no consiguió a nadie excepto a Lucy. Lo que en otros momentos sus amigos hubieran considerado una acción exagerada de la siempre tan dramática Lilyth, quizás ahora había sido la diferencia entre la vida y la muerte para Jobad, y como en un efecto domino también había salvado inconscientemente a Angélica.
-Señorita tranquilícese, estamos... -el paramédico se interrumpió al ver momentáneamente el monitor que marcaba los signos vitales, sus ojos se abrieron tan solo una milésima de segundo antes de que Jobad se comenzara a retorcer. Los dos paramédicos reaccionaron al instante y comenzaron a intentaron salvarle nuevamente a Jobad. Se hablaban casi gritando cosas que Angélica no era capaz de entender en esos momentos, estaba muy nerviosa y no pensaba, y tampoco veía, las lagrimas no se lo permitían.
...
Luz y movimiento, oscuridad y tranquilidad. Voy cambiando de una a la otra esporádicamente. Ruido? No sabría decir, pero hay algo que me recuerda... No sé lo que me recuerda, pero algo me mantiene aquí. La oscuridad se vuelve incomoda, me asfixia, casi siento que me estrangula, me amarra y no me deja salir de ella, y grito con todas mis fuerzas, pero no hay respuesta, estoy muerto y estoy llorando, un nuevo grito y bienvenido a la luz, difícilmente pero puedo respirar.
...
Tenía dolor de cabeza, a veces se me olvidaba respirar. Las últimas horas habían sido un sin fin de emociones encontradas. Estaba sentada junto a Lilyth en la sala de espera del hospital, esperando noticias, valga la redundancia. Ya casi había pasado una hora desde que mi amigo había llegado, y no habíamos tenido ningún tipo de noticias desde entonces. Jobad había tenido otra convulsión en la ambulancia y los paramédicos apenas pudieron mantenerlo vivo en lo que llegaban a emergencias. En un principio estuve en estado de shock, pero después de la llegada de Lilyth me pude tranquilizar poco a poco y en consecuencias había vuelto a pensar. Sentía mi cara extraña, y no sabía si era por la sensación de hinchazón en los ojos o por el fantasma de las lagrimas que habían recorrido mis mejillas. En cualquiera de los dos caso no había hecho nada para dejar de sentir esa rara sensación. Quizás me gustaba como me sentía, o decir que me gustaba era mi forma de admitir que merecía sentirme así.
-No me gustan los hospitales- dijo de la nada Lilyth. La mire si parpadear y sin saber que decir.- Que? Es que son desinfectadamente fríos y secos.
-A mi no me gustan las ambulancias- le conteste, con mi enronquecida voz, mas por decir algo que por que fuera verdad. Lilyth me dedico una fugaz y leve sonrisa.
-Quieres algo de la cafetería?
-No, pero ve tu si quieres- note que nos hablábamos en susurro. Debía ser las atmosfera del hospital, era algo así como entrar a una iglesia, había un energía a algo que hacia inspirar algún tipo de respeto, algo que no me agradaba. Lilyth me toco el hombro antes de marcharse en una dirección equivocada para la cafetería. Ella siempre tan despistada.
Cuando Lilyth llego lo primero que hizo fue abrazarme fuertemente y preguntarme como yo estaba, después de decirle entre lagrimas que estaba bien, me pregunto por Jobad, y le explique todo lo que había pasado, saltándome obvia y convenientemente la parte de mi propio intento fracasado e interrumpido de suicidio. En algunas ocasiones cuando le estaba hablando se me hacía difícil ocultar la verdad, mi verdad. Especialmente cuando me pregunto que porque no contestaba el teléfono, que pregunta tan generalmente sencilla y a la vez sentía que si contestaba la respuesta equivocada se sabría todo sobre lo que yo estaba haciendo. Afortunadamente Lilyth se creyó sin reservas que mi teléfono estaba agotado y no fue hasta que llegue a la casa que vi las llamadas.
En esos momentos me sentía mal por Jobad, pero independientemente sabia que en algún momento tendría que retomar mis planes. Me odiaba a mi misma por ser egoísta y pensar sobre eso justo ahora, y más por saber cómo se iban a sentir los demás, ya que ahora era yo la que estaba en la posición de los demás. Ese dolor, preocupación, impotencia al no poder hacer nada al ver a una persona amada muriendo, o quizás ya estaba muerto... CALLA.
Sentía una furia creciente dentro de mí, tanto por lo frustrada que me sentía como por lo que pensaba, y la incapacidad de hacer cualquier cosa. Me levante sin un rumbo y comencé a andar por, el siempre iluminado, hospital. La luz me molestaba, me había dado cuenta de eso desde que había llegado, pero no era hasta ahora que lograba pensarlo con claridad. Sabía que estar en ese lugar, no importara el porqué, me hubiese causado molestia. Era incomodo, ver a tanta gente preocupada por los demás, pero no era tan solo eso, había algo mas, pero aun no sabía lo que era. Me sentía mal, era como si algo áspero subiera por mi garganta. Me metí en el primer baño de "damas" que encontré y me mire al espejo. Efectivamente tenía los ojos un tanto hinchados y el delineador de ojos regado alrededor de los parpados, ojeras y mejillas. Mi reflejo me devolvió una triste mirada, y fruncí el seño al ver que no era la misma mirada triste que siempre me dedicaba. Algo andaba mal dentro de mí, es decir, no se podía estar peor siendo yo, pero aun así sabia que algo estaba mal. O diferente.
Con un leve mareo me di cuenta que no me sentía bien, y mi cuerpo reacciono por mi antes de empezar a vomitar. Estaba en cuclillas con la cabeza casi metida dentro de un retrete. "Mierda". Otra arcada, seguida de otro espasmo en el abdomen, y ahí estaba la comida y fluidos de mi estomago saliendo felizmente de mis entrañas, cerrando con broche triunfar con un jadeo al faltarme el aire que no pude controlar.
Tras estar un rato sentada controlándome me levante poco a poco y una vez de pie me volví a mirar en el espejo. Estaba casi segura que había vomitado por la tención que había sentido durante las últimas horas, pero quería asegurarme que estaba bien. La delgada joven me devolvió nuevamente la mirada, esta vez parecía una mirada agotada, pero severa, quizás un tanto distante diría yo, pero que se yo, le estaba dando quizás mucha importancia a alguien que odiaba. A mí misma.
Salí con paso "decidido" del baño, aunque solo era una pantalla para ocultar lo confundida y molesta por todo que me encontraba en esos momentos. No tenía ni idea de en que parte del hospital estaba, pero o se me iba a hacer muy difícil volver a la sala de emergencias, así que decidí continuar con mi paseo, y así poder aclarar totalmente mi mente. La cosa era así, había olvidado totalmente mi propio suicidio por salvar a Jobad, eso podría significar dos cosas, la obvia es la que ya se, que lo amo y no quiero verlo morir, pero esto nuevamente me trae a la disyuntiva de que estoy siendo hipócrita conmigo misma, no lo quiero ver muerto a él pero a mí sí. Mi rostro estaba totalmente contraído, y tenso. Todo este martirio para no morir? Quizás yo no quería morir? Pero esa nunca había sido el motivo. No se trataba de la muerte, se traba de la vida.
Quería morir? No. Quería vivir? Tampoco. Que mierda de estado, no sé qué hacer. Hiciera lo que hiciera tenía que decidirlo rápido... De que hablas Angie, no te das cuenta lo inconsistentes que son tus pensamientos? Al diablo con intentar racionalizar, no soporto nada de esta situación.
Dirigiéndose a la sala de emergencia sus pensamientos solo la hacían enojarse más, intentaba concentrarse en las cosas a su alrededor, pero esto igualmente no la sacaba de su molestia, incluso le daba más. Finalmente llego a la puerta doble de la sala de emergencias y al abrirla se encontró de frente con una paciente en cilla de ruedas que le sonrió al verla. Angélica le devolvió una triste sonrisa, pero sonrisa al fin a la chica, sin cabello. "Cáncer" pensó, y le dio paso a la joven enferma, que posiblemente tendría su edad. Sin saber porque Angélica cambio su sonrisa por un leve movimiento de cabeza al percatarse que la joven en silla de ruedas tenía cáncer, no por la enfermedad, eso era seguro, ya que le habían pasado cosas muy parecidas con desconocidos y siempre tendía a ser al revés. Cada vez que se encontraba en una situación como esa le intentaba dar aliento con una sonrisa a las personas enfermas o necesitadas, pero esta vez había hecho totalmente lo contrario, había endurecido su rostro.
Una vez paso la enferma Angie se metió por la puerta doble sin mirar atrás. Su mente era una vez más un tornado de pensamientos, y ella simplemente estaba harta de sentirse así. Estaba harta de todo, y volvía Jobad a su mente, esto la enfurecía, mas aun cuando vio a Lilyth sentada y llorando. Se murió seguro. Fue su único pensamiento, si lo hirviera dicho en voz alta hubiera sonado seco y frio, como el mismo hospital. Se acercaba a Lilyth, con miedo a saber el motivo del llanto de su amiga. Furia, dolor, furia contra dolor, un dolor que brotaba y se hacía gigantesco, su pensamiento de la muerte de Jobad parecía hacerse mas real a cada paso que daba. y en una combinación de miedo, furia, confusión, y inanición, Angélica llego frente a Lilyth mas rápido de lo que hubiera querido y sin dejar que esta le diera tiempo a reaccionar pregunto sin pensar:
-Está muerto?- Angélica miro a su amiga esperando una respuesta mientras un par de lagrimas recorrían las rosadas mejillas de Lilyth.
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